Nieve, mucho más que un paisaje
La nieve transforma el paisaje neuquino. Cubre montañas y caminos, modifica las actividades cotidianas y ofrece algunas de las imágenes más características del invierno provincial. Sin embargo, su importancia ambiental no termina en aquello que podemos ver.
Detrás de cada nevada comienza un proceso que conecta la atmósfera, la cordillera, los suelos y los cursos de agua. Si las condiciones se mantienen frías, la nieve puede permanecer acumulada durante semanas o meses en las zonas altas. Cuando recibe suficiente energía para fundirse, el agua continúa su recorrido por el territorio.
La nieve es, por lo tanto, mucho más que un paisaje: constituye una forma de almacenamiento temporal y estacional que demora la circulación del agua y puede influir en el comportamiento posterior de arroyos, ríos y lagos.
La nieve forma parte del ciclo del agua. Se origina en las nubes cuando el vapor de agua se transforma en cristales de hielo bajo determinadas condiciones de temperatura y humedad. Si esos cristales llegan al suelo sin derretirse y las temperaturas permanecen suficientemente bajas, pueden acumularse y formar un manto nival. Esa acumulación permite que una parte de las precipitaciones quede temporalmente almacenada en estado sólido. En lugar de incorporarse inmediatamente a los suelos y cursos de agua, puede permanecer en las zonas altas hasta que se produce el deshielo.
Por esta capacidad de recibir, almacenar y liberar agua, las montañas suelen ser definidas como “torres de agua”. Su importancia excede ampliamente los ambientes cordilleranos. Las regiones montañosas ocupan aproximadamente el 24% de la superficie terrestre -sin incluir la Antártida-, pero generan entre el 55% y el 60% de los flujos anuales de agua dulce del planeta. Alrededor de 2.000 millones de personas dependen de las aguas de montaña.
Estos aportes no provienen exclusivamente de la nieve o los glaciares. También intervienen las lluvias, los suelos, los humedales, los lagos y las aguas subterráneas. La nieve cumple, sin embargo, una función particular: almacena agua estacionalmente y modifica el momento en que continúa circulando.
Aunque pueda parecer estable, el manto nival cambia continuamente mientras permanece en la montaña. Después de caer, los cristales se transforman por efecto de la temperatura, la radiación solar, el viento y los ciclos de fusión y recongelamiento.
La nieve puede compactarse, aumentar su densidad, desplazarse por acción del viento o comenzar a derretirse. Por eso, la cantidad acumulada y el agua que contiene no permanecen necesariamente iguales desde el momento de la nevada hasta el inicio del deshielo.
Más que una reserva estática, se trata de un almacenamiento dinámico, condicionado por las características del ambiente y por la evolución de las condiciones meteorológicas.
Para que la nieve se transforme en agua líquida debe recibir energía. La temperatura del aire es importante, pero no es el único factor: también influyen la radiación solar, el viento, la humedad, las lluvias y las características del suelo. Estas variables determinan cuándo comienza el deshielo, con qué velocidad avanza y qué recorrido sigue el agua liberada. Una parte puede desplazarse superficialmente hacia arroyos y ríos; otra puede infiltrarse en el suelo, alimentar reservas subterráneas, quedar almacenada temporalmente o regresar a la atmósfera mediante evaporación. También puede producirse sublimación, proceso por el cual el hielo pasa directamente al estado gaseoso sin convertirse antes en agua líquida.
La nieve y los ríos neuquinos
En Neuquén, el agua almacenada durante el invierno puede influir en los caudales de la primavera. El río Neuquén tiene un régimen pluvionival y presenta naturalmente dos períodos de aumento de caudal: uno asociado a las precipitaciones invernales y otro vinculado con el deshielo primaveral.
Esto significa que una nevada puede extender su influencia mucho más allá del momento en que ocurre. Sin embargo, ninguna nevada aislada permite anticipar por sí sola la evolución de una temporada hídrica.
Las cuencas, además, no responden de la misma manera. En el sistema del Limay, los grandes lagos de origen glaciario almacenan agua y contribuyen a moderar las variaciones naturales de los caudales. La cuenca del Neuquén, en cambio, tiene pendientes pronunciadas y no cuenta con grandes lagos naturales que cumplan una función equivalente, por lo que puede presentar respuestas más rápidas y variables.
La nieve también habla del clima
La cantidad de nieve acumulada varía naturalmente de un año a otro. No todos los inviernos comienzan en el mismo momento, reciben las mismas precipitaciones ni mantienen la cobertura nival durante igual cantidad de tiempo.
El cambio climático se suma a esa variabilidad natural. Según UNESCO, el calentamiento global está reduciendo la acumulación de nieve y acortando la duración de la cobertura nival en distintas regiones montañosas del mundo. También puede modificar la proporción de las precipitaciones que cae como nieve o como lluvia.
Cuando una mayor cantidad de agua se precipita en estado líquido, puede incorporarse rápidamente a los cursos de agua durante el invierno, en lugar de permanecer almacenada en las montañas hasta los meses más cálidos. El aumento de las temperaturas también puede adelantar el deshielo y modificar el momento en que se producen los mayores y menores caudales.
Esto no significa que cada invierno tendrá necesariamente menos nieve ni que todas las cuencas responderán de igual manera. Significa que pueden cambiar la cantidad acumulada, el tiempo de permanencia del manto y el ritmo con el que el agua se libera, generando comportamientos más variables e inciertos.
Observar la nieve, por lo tanto, no solo permite conocer cuánta agua contiene la montaña. También aporta información para comprender cómo están cambiando el clima y el funcionamiento de los sistemas hídricos.
En Neuquén, la nieve conecta la cordillera con los ríos, los ecosistemas, las poblaciones y actividades como el riego, la generación hidroeléctrica y el turismo. El cambio climático puede volver más irregular la acumulación nival, adelantar el deshielo y modificar la disponibilidad de agua a lo largo del año, con consecuencias sobre los ambientes, las comunidades y las actividades productivas de la provincia.
Conocer los procesos que existen detrás del paisaje también nos permite relacionarnos de otra manera con la naturaleza: promover un turismo responsable, cuidar los ambientes que visitamos y disfrutar de ellos sin alterar su equilibrio. Porque conocer es el primer paso para valorar, cuidar y disfrutar. Todo esto es Neuquén.
Fuente: NQN Informa
